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Por José Cheo Cruz

Con los ojos de uno, es difícil discrepar de la afirmación de que, “Los valores ya no existen en plenitud en Puerto Rico.” Es más, aparentemente tampoco existen en nuestro mundo. Por eso tenemos que ver con otros ojos.

Con todo y todo se ven cintillas de luz que penetran la negritud. Al fin del siglo pasado, se llevaron a cabo una serie de conferencias mundiales sobre temas de envergadura como el Medio Ambiente, la pobreza, la violencia, la condición de los niños y de las mujeres. Las últimas y más grandes fueron las cumbres de líderes religiosos y políticos, todas convocadas por la ONU. Lejos de ser conferencias que comenzaron y terminaron en palabras, hubo resultados palpables, tales como los Objetivos del Milenio. Para citar un solo ejemplo, desde 1990, mil millones de seres humanos han sido sacados de la pobreza extrema. “El mejoramiento del mundo puede ser logrado...”

Está bien invocar las estadísticas y las condiciones en África y Asia. Pero con los ojos de uno, puestos en las realidades de Puerto Rico, es difícil ver dicha mejoría. Por eso tenemos que ver bien, ver diferente. Aunque uno no puede controlar las condiciones del mundo ni la conducta ajena, sí puede controlar las condiciones de uno y la conducta propia. Hay que ver dentro de uno. Porque, terminando la cita y terminando la idea... “El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta”.

Si bien es cierto que los antivalores están en plena hegemonía en el estado actual de Puerto Rico donde los malos funcionarios pululan por doquier y duran menos que una cucaracha en un “baile de gallina”, en el gobierno de Ricardo Rosselló González se han ido infinidad de funcionarios desprestigiados , hostigadores, borrachones y corruptos  por no tener la capacidad ni la vocación de servirle a Puerto Rico y por ser muy malos administradores y mala gente, las virtudes no han dejado de existir, solamente se han agachado. Si ves un atraco en progreso, te vuelves atrás. Si todos tus colegas están robando de la empresa, te unes al coro. Cuando necesitas un teléfono, compras uno en la calle sin averiguar mucho. Si agarran a un familiar o a un compañero en flagrante delito, apoyas lo tuyo. Sabiendo tú la diferencia entre lo bueno y lo malo, apoyas la maldad. Te quejas de los antivalores, pero eres cómplice de los perversos y de los corruptos muchas veces por ser fanáticos engañados por los partidos de turno y las tripitas por el lado. Cuidado si no te perviertes tú también y en vez de ser parte de la solución eres parte y el problema.

La calle es una alegoría tan apropiada que podemos aplicar la cita específicamente a ella: “El mejoramiento de la calle, puede ser logrado.” Pero no lo hacemos. Si ves a un carro formando el famoso tercer carril ante una intersección congestionada, le caes atrás. Si das un cantacito a un carro en el parqueo del supermercado, te vas sin dejar una nota. Si ves el semáforo cambiándose a amarillo, aceleras. Si ves un peatón tratando de cruzar la avenida densamente transitada sigues sin parar, porque no es gente. Sabiendo tú de la diferencia, emula a los malos traficantes. Te quejas de la selva, pero eres cómplice de los malos ciudadanos o leones. Cuidado si no comienzas a comer gente también por tu complicidad.

Hablar de mejorar el mundo es intimidante. No soy - y probablemente no eres ni presidente ni funcionario ni policía. Soy - y probablemente eres - chofer. Hablar de mejorar la calle es entendible. Puedo intentar mejorar la calle y mi intento no es poca cosa ¿Cómo? Por medio de mis “hechos puros y hermosos”, por medio de “mi conducta loable y correcta” “Por medio de mi accionar en el día a día. Obedecer la ley. Dar chance a todos, peatones y otros choferes, que están en apuros. Respetar. Ser cortés. Hasta generoso. ¿Por qué? Porque es mi deber, ya que no quiero ser uno de los perversos ni de los corruptos que viven bien hasta un día que las tres letras lleguen.

A propósito, también lo hago por interés. Porque quiero una calle más ordenada, más tranquila, que fluya mejor. Si no quiero guiar un automóvil en medio del caos, no puedo contribuir al caos.

Pero hay otra cosa. Lo hago por lo que me paguen. No, lamentablemente, no es con dinero que me pagan. Más bien me pagan con una sonrisa y un gesto de gracias. Con mi bondad, estoy alegrando su día y con su agradecimiento está alegrando mi día. Inténtalo. Cuando ves una gente (y no solamente las muchachas bonitas y los muchachos guapos) esperando cruzar la calle, detente y déjalas pasar. Verás que vale la pena mejorar el mundo con tus hechos y tu conducta, por sus frutos los conoceréis dice jehová de los ejércitos.

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