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Por José Cheo Cruz

 

Desde que mundo es mundo, el hombre ha hecho lo indecible para tratar de conquistar el poder, con la manipulación de la verdad y la invención de falacias llenas de medias mentiras y falsedades. En el sistema en que vivimos hoy en día en Puerto Rico, ésta controlado por una oligarquía que es la que tiene el control político, religioso y social.

 

Vivimos en una especie de selva silvestre donde los hombres pretenden imponerse con la ley del más fuerte y poderoso. Es como vivir en una tribu con animales, donde el que siempre pretende prevalecer es el violento y agresivo macho alfa. El mejor ejemplo de ello lo tenemos en el pueblo de “Guaynabo city”  en la figura representada por su alcalde Héctor  O’ Neill y sus defensores a “brazo partido”, representadas en esas fuerzas malignas que actúan como nubes estacionarias de mal agüero.

 

Cada pueblo tiene su macho alfa con presencia en una alcaldía o cabildo municipal. Son esos oligarcas los que toda una vida y algo más representan los grandes colmillus.  Esos adinerados inversionistas y buscones políticos que son los que respaldan a esta clase de desaprensivos y facinerosos que mantienen a este País en un bote haciendo agua y en zozobra.

 

Por décadas enteras tanto el PNP y el PPD, nos han mantenido divididos y enfrascados como fanáticos y animales irracionales en luchas que a larga han resultado en un ejercicio fútil y estéril. Nuestra actual condición política desde el 1917, en que nos fue concedida una ciudadanía estatutaria por los EE.UU. de Norteamérica. Por décadas hemos sido engañados por el PNP, con su ideología sobre la “disney estadidad”, el otro el PPD, con su retórica abstracta, sobre su libre asociación y el PIP con su independencia al estilo elitista de una La La Landia.

 

Todos esos partidos tradicionales, siempre han subsistido y sobrevivido para continuar con sus agendas, porque detrás de ellos existe todo un aparataje de una oligarquía política que los sostiene, incluyendo al mismo sistema de gobierno que financia y sufraga sus campañas. Estamos de frente ante unos farsantes que solo quieren seguir viviendo de la chupeta pública y privada como medio de vida para subsistir en esta jungla, donde sobrevive el más ágil y astuto. Somos controlados por oligarcas de la misma similitud de lo poderosos que han representado ser las familias Rockefeller y los Rothschield en los EE.UU. 

 

Retomando el tema, la décimo cuarta enmienda de la Constitución de los EE.UU. dispone entre otras cosas, que solamente la ciudadanía americana la podrían adquirir aquellas personas por nacimiento o naturalización que nazcan en los estados. Cuando usted nace en un estado esa ciudadanía norteamericana surge en virtud de la Constitución de los EE.UU., protegida bajo su décimo cuarta enmienda y no es revocable. Nuestra ciudadanía es prácticamente una “de facto”, tan es así que, si residimos aquí en Puerto Rico, no tenemos derecho al voto para elegir al presidente y vicepresidente y los demás funcionarios que son elegidos a cargos públicos en los EE.UU.

 

Sin embargo, si usted se traslada a los EE.UU. puede ejercer ese derecho libremente y sin ninguna restricción. Un militar puertorriqueño que se encuentre estacionado en una base de la rama militar en Puerto Rico, tendría derecho a votar, porque esa base militar se considera para todos los efectos territorio de los EE.UU.  Los puertorriqueños que sirven en otras ramas militares como la Guardia Nacional o la Reserva en este territorio no incorporado no tienen derecho a votar por el presidente y el vicepresidente de los EE.UU., quienes son los comandantes en jefe de las fuerzas armadas. Cuando los conflictos bélicos de Vietnam debieron aceptar que a sus hijos bajo el servicio militar obligatorio (SMO) los enviaran a guerras extrañas en lejanos países a morir arbitrariamente a causa de una decisión en que ellos nunca tuvieron participación y/o parte alguna de poder elegir a esas personas que tenían las vidas de muchos de ellos en sus manos.

 

Lo que alega el PPD, con eso del vínculo indisoluble de la ciudadanía norteamericana, es pura filfa porque una ciudadanía estatutaria y la Corte Suprema de los EE. UU., ha pronunciado y ha determinado que la ciudadanía americana, no es un derecho fundamental cobijado a los residentes de territorios no incorporados  como es el caso de Puerto Rico al amparo de la cuarta enmienda de la Constitución de los EE. UU y su Cláusula Territorial aplicable solo a los otros territorios propiedad de la metrópolis.

 

Hay muchas cosas absurdas y contradictorias con esto del estatus. Tomemos el caso de Juan Mari Bras, quien, en el 1994, decidió renunciar a la ciudadanía americana, cuando se encontraba en Venezuela y fuese deportado a Puerto Rico. Mari Bras, se enfrasco en una lucha campal, pero nunca le aceptaron esa renuncia y hoy en día todavía ese caso es motivo de controversia. Doce (12) años después el 25 de octubre de 2006, el Departamento de Estado del  E.L.A., le concedió el primer certificado como ciudadano Puertorriqueño, sin mayores resultados.

 

Estamos ante un gran dilema constitucional y lo peor es que no estamos preparados, ni tenemos la disciplina que conllevaría el ser libres y soberanos para auto gobernarnos.  No pasarían ni diez minutos, cuando sufriríamos el peor caos y la anarquía para terminar destrozados todos como jueyes machos en un latón. Aquí en este País de las jaiberias, el menos que puja, pujaría un alacrán zurdo, porque somos mañosos hasta la tambora.

 

Vivimos dentro de una burbuja llena de fantasías y mentiras donde hemos sido víctimas de esta oligarquía insularista que nos domina y nos ha controlado para inducirnos a sus intenciones de ellos proseguir dominando en todos los ámbitos de nuestras vidas. Mientras no aprendamos del pasado y nos unamos como País, no vamos para ningún lado y proseguiremos viviendo en un enredo de espíritu y siendo controlados como marionetas y robots en el “fast lane” que el sistema nos ha impuesto esta carrera desde hace tiempo y por nuestra ignorancia e indiferencia no nos hemos damos cuenta y ya se nos ésta haciendo tarde para despertar.

 

De ahora en adelante, habrá que ajustarse la correa, porque la factura que viene, nos las van a sacar de las costillas a los pobres, que seremos más pobres y los ricos serán más ricos, con nuevos atracos a nuestros bolsillos por parte del gobierno que te prometió un cambio y un nuevo Puerto Rico.  #Si Pepe siéntate a esperar.

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